martes, 27 de diciembre de 2011

Cuando el amor te llame, síguelo; aunque sus caminos sean arduos y penosos. Y cuando sus alas te envuelvan, entrégate a él; aunque la espada escondida bajo su plumaje pueda herirte. Cuando el amor te hable, cree ciegamente en él; aunque su voz derribe tus sueños como el viento destroza los jardines. Porque si el amor te hace crecer y florecer, él mismo te podará. Y nunca te creas capacitado para dirigir el curso del amor, porque el amor si te considera digno de sí, dirigirá tu curso por los caminos de la vida. Esto hará el amor en ti para que conozcas los secretos del corazón. El amor no da más que de sí mismo y no toma más que de sí mismo. El amor no posee nada y no quiere que nadie lo posea, porque el amor, se sacia en el amor. Por eso, cuando ames no debes decir: "Dios está en mi corazón", es mejor decir: "Estoy en el corazón de Dios". Y así, despierta cada amanecer, con el corazón agradecido por un día más de amor; al mediodía, reposa y medita sobre la plenitud del amor; cuando decline el día, da gracias al regresar a tu hogar; y duerme luego, con una plegaria en tus labios por el ser amado, y una oración de alabanza a Dios en tu corazón. - Gibrán Jalili Gibrán

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